Se llama resistente a la depresión que no mejora tras varios tratamientos bien hechos. Es una etiqueta útil, pero menos exacta de lo que parece. Aquí explico qué significa en la práctica, cuánta gente la cumple y por qué su cifra de éxito lleva años en debate.
Una depresión se considera resistente cuando no ha mejorado tras al menos dos antidepresivos usados a dosis y durante el tiempo adecuados, con la toma comprobada.
Resistente no quiere decir incurable. Cada paso de tratamiento que se añade sigue produciendo remisiones, aunque la probabilidad baje.
La propia cifra de éxito está discutida entre los especialistas, y por eso la explico con las dos versiones delante en lugar de dar un número redondo.
La definición más extendida, la que han adoptado la agencia estadounidense del medicamento (FDA) y la europea (EMA), es sencilla de enunciar: una depresión que no responde de forma adecuada a un mínimo de dos antidepresivos, tomados a la dosis correcta, durante el tiempo suficiente y con la adherencia comprobada. Esas tres condiciones importan tanto como el número de fármacos. Un tratamiento a dosis baja, interrumpido pronto o tomado de forma irregular no cuenta como fallido en sentido estricto.
Esa no es la única definición. No existe un criterio único validado por su capacidad de predecir la evolución. Conviven varios modelos de estadiaje que puntúan la resistencia de maneras distintas: el de Thase y Rush, el del Massachusetts General Hospital, el europeo y el de Maudsley, entre otros. Algunos se limitan a contar los antidepresivos que no han funcionado. Otros, como el de Maudsley, puntúan también la duración del episodio, su gravedad y el fracaso de otras estrategias. Son instrumentos de investigación más que etiquetas cerradas, y ninguno se ha impuesto como estándar clínico universal.
Por eso «resistente» describe una situación, no un diagnóstico fijo: dos médicos pueden clasificar el mismo caso de forma diferente según el modelo que usen.
La estimación que más se repite es que alrededor del 30% de las personas con depresión tratada acaba cumpliendo la definición de resistencia. En un análisis estadounidense sobre 8,9 millones de adultos con depresión en tratamiento farmacológico, 2,8 millones cumplían criterios, un 30,9%. Es una cifra con letra pequeña: procede de población con seguro médico en Estados Unidos y el estudio lo financió un laboratorio con interés en el campo, así que se extrapola a España con prudencia.
Ese 30% depende, además, del modelo que se use para medirlo. Cuando se aplicaron cuatro modelos distintos a una misma cohorte de más de 127.000 pacientes suecos, la proporción etiquetada como resistente osciló entre el 9,5% y el 19%. La misma población, cifras muy diferentes según cómo se defina. No hay contradicción: la etiqueta es así de elástica.
El estudio de referencia sobre qué pasa cuando un antidepresivo no funciona y se va cambiando de tratamiento se llama STAR*D. Fue amplio, público y pragmático, y midió cuánta gente alcanzaba la remisión en cada paso: un 36,8% en el primer intento, un 30,6% en el segundo, un 13,7% en el tercero y un 13,0% en el cuarto. El patrón es claro. Con cada cambio, remite algo menos de gente, pero nunca deja de remitir gente.
La discusión llega con la cifra acumulada. El trabajo original concluyó que, sumando los cuatro pasos, en torno a dos de cada tres pacientes acababa remitiendo, alrededor del 67%. En 2023 un reanálisis de los mismos datos, hecho con fidelidad estricta al protocolo previsto, rebajó esa cifra acumulada al 35%, aproximadamente la mitad. Los investigadores originales han defendido su número. Los autores del reanálisis mantienen el suyo.
No voy a darte uno de los dos como si fuera la verdad. El 67% no es un éxito limpio, porque asume que quienes abandonaron el estudio habrían mejorado al mismo ritmo que quienes siguieron. El 35% tampoco es la palabra final, porque procede de un reanálisis con autores abiertamente críticos. La remisión acumulada tras cuatro tratamientos queda en algún punto entre esas dos cifras, y sabemos con seguridad menos de lo que a todos nos gustaría. Esa incertidumbre forma parte del cuadro y prefiero contarla que esconderla.
Resistente no es sinónimo de incurable. Es una resistencia relativa y escalonada, no un callejón cerrado. Lo dicen los propios datos de STAR*D: incluso en el tercer y el cuarto intento, cerca de una de cada siete personas alcanza la remisión. La probabilidad baja con cada paso, cierto, pero no se anula.
Y quedan opciones fuera de la secuencia habitual de antidepresivos, con eficacia establecida precisamente en este terreno: la potenciación con otros fármacos, la estimulación magnética transcraneal, la esketamina y la terapia electroconvulsiva. Cada una tiene sus indicaciones y sus límites, y los desarrollo en el resto de esta guía. La idea que quiero dejar aquí es más simple. Que una depresión sea resistente significa que hay que cambiar de estrategia, no que se hayan agotado las estrategias.
Definición operativa (FDA/EMA). El estándar regulatorio adoptado por FDA y EMA define la TRD como respuesta inadecuada a un mínimo de dos antidepresivos administrados a dosis y duración adecuadas y con adherencia comprobada. El propio texto de consenso subraya que no existe una definición única validada por su utilidad predictiva; conviven múltiples definiciones [3].
Modelos de estadiaje. La ausencia de consenso ha generado varios modelos: Thase-Rush, Massachusetts General Hospital (MGH-s), European Staging Model (ESM) y Maudsley Staging Method (MSM). El MSM es dimensional (puntúa duración del episodio, gravedad basal, número de fármacos fallidos, fracaso de potenciación y de TEC), frente a los modelos categóricos basados en recuento de antidepresivos fallidos. Sirven para estratificar en investigación, no como criterios diagnósticos cerrados [3].
La proporción de TRD depende del modelo. Sobre una misma cohorte sueca (127.108 pacientes que iniciaron antidepresivo), la proporción etiquetada como TRD varió según el modelo aplicado.
| Modelo | % etiquetado como TRD |
|---|---|
| MGH-s | 19,0% |
| Maudsley (MSM) | 15,3% |
| Karolinska (KIM) | 12,9% |
| ESM (europeo) | 9,5% |
Adaptaciones a datos de registro, no entrevistas clínicas; ilustran que la prevalencia de TRD es función de la definición [5]. La estimación de convergencia habitual sitúa la TRD en torno al 30% de la depresión tratada (≥30% en el consenso; 30,9% en la síntesis de claims estadounidense, con financiación de la industria) [3][4].
Controversia STAR*D. El informe original (QIDS-SR16) reportó remisión por paso de 36,8% / 30,6% / 13,7% / 13,0% y una remisión acumulada teórica del 67% [1]. El reanálisis de los datos individuales con fidelidad al protocolo (HRSD ciega, exclusión de pacientes que no debían computarse) situó la remisión acumulada en el 35,0% [2]. Ambas cifras están publicadas y verificadas; debe presentarse como debate metodológico abierto, no zanjado. El contexto interpretativo señala que la probabilidad de remisión disminuye sustancialmente tras dos ensayos farmacológicos vigorosos, sin anularse [6].
La cifra acumulada del 67% asume que los pacientes que abandonaron habrían remitido a la misma tasa que quienes continuaron. La definición de resistencia varía entre estudios y no debe tratarse como homogénea.
El primer paso es una valoración completa. De ahí salen el diagnóstico y las opciones de tratamiento para cada caso.
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Dr. Federico LópezMédico psiquiatra · Nº colegiado 4116760 · Última revisión: julio de 2026Este contenido tiene finalidad divulgativa y no constituye consejo médico individual ni establece una relación médico-paciente. Las guías y la evidencia que cito son la referencia con la que trabajo, no una regla fija. En cada caso, la decisión une esa evidencia con la experiencia clínica y con tu situación concreta, y el mejor plan para una persona puede diferir de lo que marca una guía. Eso se valora contigo en consulta, con tu historia clínica delante.
Última revisión: julio de 2026 · Dr. Federico López Rodríguez, Nº colegiado 4116760