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Guía de psicofármacosEs de las primeras preguntas que me hacen, y también de las que peor se resuelven con un número suelto. El tiempo depende de la fase del tratamiento y de la historia de cada persona. Esta página ordena lo que dicen los ensayos y las guías para que la decisión se tome con datos.
Seguir con el antidepresivo después de encontrarte bien reduce mucho la recaída del episodio. En la revisión de referencia, recayó el 18% de quienes continuaban frente al 41% de quienes pasaban a placebo.
El tiempo total depende de tu historia. Tras un primer episodio, lo habitual es mantenerlo entre seis y doce meses después de la remisión. Con episodios repetidos, dos años o más.
Cuanto más tiempo se toma, más conviene cuidar la retirada, y por eso se pauta con criterio desde el principio. Planifica cualquier cambio con tu médico: no cambies ni suspendas la medicación por tu cuenta.
Pensar en una única duración lleva a confusión. Un tratamiento antidepresivo se organiza en tres fases con objetivos distintos, y saber en cuál estás explica por qué se mantiene la pauta cuando ya te encuentras mejor.
La primera es la fase aguda, que busca la respuesta y, si es posible, la remisión de los síntomas. Suele durar entre seis y ocho semanas hasta ver el efecto pleno. La segunda es la fase de continuación, que consolida esa mejoría y evita que el mismo episodio vuelva justo cuando parece resuelto. La tercera es la fase de mantenimiento, que solo procede en quienes tienen riesgo de nuevos episodios y busca prevenir esas recurrencias futuras.
La duda habitual aparece en la segunda fase. Cuesta entender por qué seguir con el fármaco cuando uno ya está bien. La respuesta está en las cifras de recaída.
La revisión sistemática de referencia reunió 31 ensayos y 4.410 participantes que habían respondido al tratamiento. La tasa media de recaída fue del 41% en quienes pasaron a placebo frente al 18% en quienes siguieron con el antidepresivo. Mantenerlo redujo las probabilidades de recaída alrededor de un 70%, y el efecto se sostenía mientras duraba el seguimiento. Retirar el fármaco en cuanto uno se encuentra bien es, en buena parte, retirarlo antes de tiempo.
Un ensayo más reciente lo confirmó en condiciones cotidianas de atención primaria. En pacientes con al menos dos episodios previos o dos años de tratamiento, que se encontraban bien, mantener el antidepresivo dio un 39% de recaídas al año frente a un 56% en quienes lo suspendieron. Dejarlo duplicó el riesgo de recaída, y quienes lo dejaron tuvieron además más síntomas de ansiedad, de ánimo y de retirada.
Ese mismo ensayo trae algo que me gusta poner por delante. El 44% de quienes suspendieron no recayó en todo el año. Suspender es una opción razonable en muchos casos, siempre con un plan y con seguimiento, algo que se decide acompañado y de forma gradual.
No hay un número que valga para todos, pero las guías dibujan un marco bastante claro que uso como punto de partida y luego ajusto caso por caso.
Cuando se trata del primer episodio, lo recomendable es continuar el antidepresivo al menos seis meses después de la remisión de los síntomas, y a menudo hasta unos doce meses, revisando la situación de forma periódica. La idea es dar tiempo a que la mejoría se asiente antes de plantear la retirada.
Cuando ha habido varios episodios o hay factores que hacen probable una recurrencia, el planteamiento cambia. Aquí las guías recomiendan mantener el tratamiento a la dosis que logró la remisión durante al menos dos años, y en muchos casos más. Pesan cosas como el número y la frecuencia de los episodios, los síntomas residuales o la ansiedad acompañante. Cuanto mayor es el riesgo de fondo, mayor es el beneficio real de seguir.
Ninguna de estas cifras es un automatismo por número de episodios. Son un marco que se revisa, al menos cada seis meses, y que se decide contigo. Cuando el riesgo de recurrencia es alto, la evidencia sobre mantener el tratamiento se solapa con la de la depresión resistente, y lo desarrollo en la página sobre mantenimiento y prevención de recaídas.
Cuanto más tiempo se ha tomado un antidepresivo, más probable es que la retirada dé síntomas y que haya que hacerla más despacio. Una reducción lenta y gradual, con pasos cada vez más pequeños hasta dosis muy bajas, controla esos síntomas mucho mejor que las bajadas rápidas de dos o cuatro semanas. Algunos fármacos, sobre todo los de vida media corta, dan más molestias de retirada que otros.
Esto no contraindica tratar ni tratar menos de lo necesario. Al contrario, pide pautar con criterio: una indicación clara, la dosis mínima que resulte eficaz y un plan de retirada gradual cuando llegue el momento. Cómo se hace ese descenso lo explico en la página sobre cómo se retira un antidepresivo. La retirada bien planificada forma parte de un buen tratamiento, igual que el inicio.
Fases. Aguda (respuesta/remisión, ~6–8 semanas), continuación (consolidar la remisión del episodio actual) y mantenimiento (prevención de recurrencias en pacientes de riesgo). Marco de NICE NG222 y CANMAT 2023 [5][6].
Continuación reduce recaída. Revisión sistemática de 31 ECA (n=4.410): recaída 41% con placebo vs 18% con activo; reducción de odds del 70% (IC95% 62–78); efecto sostenido hasta 36 meses [1]. ANTLER (ECA doble ciego, atención primaria, n=478, ≥2 episodios o ≥2 años de tratamiento): recaída a 52 semanas 39% con mantenimiento vs 56% al suspender (HR 2,06; IC95% 1,56–2,70). El 44% de quienes suspendieron no recayó [2].
| Situación | Duración orientativa | Fuente |
|---|---|---|
| Primer episodio | ≥6 meses tras remisión (NICE); hasta 12 meses (CANMAT) | NICE NG222 / CANMAT 2023 [5][6] |
| Recurrente / alto riesgo | ≥2 años a la dosis que logró la remisión; a veces más | CANMAT 2023 / NICE NG222 [6][5] |
Riesgo basal. La reducción relativa del riesgo con la continuación es bastante independiente del riesgo basal, por lo que el beneficio absoluto es mayor en pacientes con más episodios o síntomas residuales [1][2]. Decisión individualizada; NICE no fija tope y recomienda revisar la indicación al menos cada 6 meses.
Retirada dependiente del tiempo/dosis. Descenso gradual e hiperbólico (reducciones proporcionales, pasos menores a dosis bajas) reduce el síndrome de discontinuación frente a los descensos rápidos convencionales [3]. Los fármacos de vida media corta y mayor potencia (desvenlafaxina, venlafaxina, paroxetina) se asocian a más frecuencia o gravedad de síntomas de retirada [4]. Encuadre: no contraindica tratar; obliga a pautar con criterio y planificar la retirada.
El primer paso es una valoración completa. De ahí salen el diagnóstico y las opciones de tratamiento para cada caso.
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Dr. Federico LópezMédico psiquiatra · Nº colegiado 4116760 · Última revisión: julio de 2026Este contenido tiene finalidad divulgativa y no constituye consejo médico individual ni establece una relación médico-paciente. Las guías y la evidencia que cito son la referencia con la que trabajo, no una regla fija. En cada caso, la decisión une esa evidencia con la experiencia clínica y con tu situación concreta, y el mejor plan para una persona puede diferir de lo que marca una guía. Eso se valora siempre contigo en consulta. No cambies ni suspendas la medicación por tu cuenta: la duración del tratamiento y su retirada se deciden con tu médico, que valora tu historia clínica. Las decisiones sobre tu tratamiento se toman en consulta.
Última revisión: julio de 2026 · Dr. Federico López Rodríguez, Nº colegiado 4116760