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Guía de los psicofármacosEs uno de los efectos secundarios que más pesan a la hora de seguir un tratamiento, y a menudo el que menos se habla en consulta. Esto es lo que dicen los datos: con qué frecuencia ocurre, qué fármacos afectan menos, qué se puede hacer y qué se sabe de los casos que persisten al dejarlo.
La disfunción sexual es uno de los efectos más frecuentes de los antidepresivos serotoninérgicos. Según el fármaco y la forma de medirlo, aparece en una horquilla amplia, entre el 26% y el 80% de quienes los toman.
Bupropión, mirtazapina, agomelatina y vortioxetina son los que menos afectan a la esfera sexual. Cuando aparece el problema, el ajuste de dosis o el cambio de fármaco lo mejoran en buena parte de los casos, aunque ninguna estrategia garantiza la resolución.
La disfunción sexual que persiste tras suspender el tratamiento existe y la EMA la reconoce desde 2019, aunque su frecuencia no puede cuantificarse con fiabilidad. No hay que negarla ni inflarla. No cambies ni suspendas la medicación por tu cuenta.
En el metaanálisis de referencia, con evaluación activa mediante cuestionario, la disfunción sexual emergente osciló entre el 25,8% y el 80,3% de los pacientes según el compuesto. Es una horquilla enorme, y esa amplitud es justo el dato: no todos los antidepresivos afectan igual, ni de lejos.
La diferencia entre medir preguntando de forma sistemática o esperar a que el paciente lo comente por su cuenta explica parte de esa variabilidad. Cuando se pregunta bien, la cifra sube. Por eso lo pregunto en consulta, aunque a veces cueste sacar el tema.
La respuesta sexual tiene varias fases y el fármaco puede tocar cualquiera de ellas. El deseo, es decir la libido, puede bajar. La excitación se resiente, con dificultad de erección en el hombre y sequedad o menor lubricación en la mujer. Y el orgasmo se retrasa, se debilita o no llega. Aparece también, con menos frecuencia, una sensación de anestesia genital. Puede darse una de estas alteraciones o varias a la vez.
No todos los antidepresivos están en el mismo sitio. En ese mismo metaanálisis, varios no mostraron diferencia significativa frente al placebo en disfunción sexual: agomelatina, bupropión y mirtazapina, entre ellos. En el extremo de mayor impacto quedaron sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina y fluoxetina.
La vortioxetina, más reciente, se ha estudiado de forma específica en personas con la depresión ya controlada pero con disfunción sexual causada por otro antidepresivo. Al cambiar a vortioxetina la función sexual mejoró más que al cambiar a escitalopram, manteniendo el efecto sobre el ánimo. Es un dato sólido como ensayo, con una salvedad: lo financió el fabricante del fármaco.
La comparación exacta entre unos y otros tiene una certeza limitada, así que la manejo como una tendencia, no como una lista cerrada por posiciones. La idea de fondo se sostiene: si un antidepresivo te está afectando en este terreno, hay alternativas con menos impacto que se pueden valorar.
Lo primero es hablarlo. Muchas veces el problema se queda callado y se abandona el tratamiento por él, cuando había salidas. Sobre la mesa hay varias, y su respaldo es desigual. Esperar a que aparezca cierta tolerancia, porque algunos casos mejoran con el tiempo. Reducir la dosis, si el cuadro lo permite. Cambiar a un fármaco de menor impacto, como bupropión, mirtazapina, agomelatina o vortioxetina. Añadir un segundo agente. Y en la disfunción eréctil, valorar sildenafilo, que es la opción con señal de eficacia más consistente.
El alcance es este. En el análisis conjunto de intervenciones, solo el sildenafilo mostró una mejora consistente; las demás opciones tienen evidencia limitada o no concluyente. Ninguna estrategia garantiza recuperar la función sexual, pero hay recorrido para intentarlo. Lo que no conviene es resolverlo por libre. El cambio o la retirada de un antidepresivo no se hacen por cuenta propia: se planifican en consulta.
Este es el punto más delicado y el que hay que tratar con más cuidado. En la mayoría de las personas la función sexual se recupera al reducir la dosis o al retirar el antidepresivo. En una minoría, los síntomas continúan después de haberlo suspendido. A ese cuadro se le llama disfunción sexual persistente tras ISRS, o PSSD por sus siglas en inglés.
En mayo de 2019, la Agencia Europea del Medicamento concluyó que esta disfunción que persiste tras la retirada debe figurar en la ficha técnica de los ISRS y los IRSN. El regulador europeo reconoce que puede ocurrir. Los síntomas descritos son la anestesia genital, la disfunción eréctil, el orgasmo débil o la pérdida de placer y el descenso del deseo. El diagnóstico se hace por exclusión y su mecanismo no está aclarado.
Ahora la otra mitad del dato, la que suele omitirse en los dos extremos del debate. No se puede establecer una frecuencia fiable. La revisión sistemática específica concluye que los datos no permiten estimar la prevalencia ni confirmar con certeza la relación de causa, y tampoco descartar la persistencia. Reconocida como posible, sin cifra sólida para cuantificarla. Existe una estimación aislada de un estudio retrospectivo, pero es de calidad baja y no puede tomarse como cifra oficial, así que no la doy. Ni negar que ocurre ni exagerar su frecuencia.
Cada afirmación de esta página tiene un respaldo distinto. Esta es la lectura a día de hoy; se revisa cuando cambian las guías o aparece un estudio que cambie la lectura.
Cómo leer las etiquetas. Bien establecido: hecho demostrado en estudios independientes. Prometedor: resultados favorables que aún necesitan confirmarse. Insuficiente: los datos disponibles no permiten una conclusión firme. Que la disfunción sexual sea frecuente en el conjunto no significa que vaya a ocurrirte a ti; varía mucho de una persona a otra. Es una referencia general. En tu caso concreto, la indicación se decide en consulta, uniendo esta evidencia con la experiencia clínica, tu historia y lo que ya has probado.
Frecuencia y jerarquía por fármaco. Metaanálisis de referencia con evaluación activa mediante cuestionario: disfunción sexual emergente entre 25,8% y 80,3% según compuesto. Ordenados de mayor a menor impacto: sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina, imipramina, fenelzina, duloxetina, escitalopram, fluvoxamina. Sin diferencia significativa frente a placebo: agomelatina, bupropión, mirtazapina, moclobemida, nefazodona y amineptina [1].
Comparación de segunda generación. Metaanálisis en red: bupropión con riesgo significativamente menor; escitalopram y paroxetina, significativamente mayor. Los autores califican la certeza global de la evidencia comparativa como baja, con intervalos de credibilidad amplios y comparaciones indirectas [2].
Vortioxetina. En depresión bien controlada con disfunción sexual inducida por ISRS, el cambio a vortioxetina mejoró la función sexual más que el cambio a escitalopram (CSFQ-14: 8,8 vs 6,6; P=0,013; n=447), manteniendo la eficacia antidepresiva. Ensayo doble ciego financiado por Takeda; declararlo [3].
| Aspecto | Dato | Fuente |
|---|---|---|
| Frecuencia global | 25,8%–80,3% | Serretti 2009 [1] |
| Menor riesgo (red) | Bupropión | Reichenpfader 2014 [2] |
| Cambio a vortioxetina | CSFQ-14 8,8 vs 6,6 | Jacobsen 2015 [3] |
| Manejo con señal | Sildenafilo | Luft 2021 [4] |
Manejo. En el metaanálisis en red de intervenciones para disfunción sexual inducida por antidepresivos, solo el sildenafilo mostró señal consistente de mejora; cambio de fármaco, adición de bupropión o mirtazapina y pausas tienen evidencia limitada o no concluyente. Alta heterogeneidad; los autores piden más ECA [4]. Cuadro clínico y fases afectadas revisados en [5].
PSSD. Reconocimiento regulador: PRAC de la EMA, mayo de 2019, redacción de ficha técnica sobre disfunción sexual de larga duración que continúa pese a la discontinuación de ISRS/IRSN [8]. Prevalencia no estimable de forma fiable ni relación causal confirmable según revisión sistemática específica [6]. Existe una estimación cuantitativa aislada de un estudio retrospectivo de cohorte con definición indirecta, de calidad baja, que no debe presentarse como cifra oficial. Síntomas y naturaleza de diagnóstico por exclusión en [7].
El primer paso es una valoración completa. De ahí salen el diagnóstico y las opciones de tratamiento para cada caso.
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Dr. Federico LópezMédico psiquiatra · Nº colegiado 4116760 · Última revisión: julio de 2026Este contenido tiene finalidad divulgativa y no constituye consejo médico individual ni establece una relación médico-paciente. Las guías y la evidencia que cito son la referencia con la que trabajo, no una regla fija. En cada caso, la decisión une esa evidencia con la experiencia clínica y con tu situación concreta, y el mejor plan para una persona puede diferir de lo que marca una guía. Eso se valora siempre contigo en consulta. No cambies ni suspendas la medicación por tu cuenta: cualquier ajuste, cambio o retirada de un antidepresivo se decide con tu médico, con tu historia clínica delante.
Última revisión: julio de 2026 · Dr. Federico López Rodríguez, Nº colegiado 4116760